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Educación

PISA 2025: saber dónde estamos para decidir hacia dónde queremos ir

Los resultados de PISA 2025 vuelven a colocar a la educación peruana frente a una pregunta que no podemos postergar: ¿dónde estamos y hacia dónde queremos dirigirnos? La evaluación internacional muestra dificultades importantes en matemática, lectura y ciencias, pero reducir la calidad educativa a estas tres áreas sería mirar solamente una parte de una realidad mucho más amplia.

PISA debe ser asumida como una oportunidad para evaluar nuestro camino, reconocer avances y dificultades y, sobre todo, tomar decisiones. Los resultados no deberían conducir únicamente a buscar mejores posiciones en un ranking internacional. Deben ayudarnos a construir una visión de educación que responda al país que queremos ser y al ciudadano que necesitamos formar.

La OCDE señala que los resultados promedio de los estudiantes peruanos de 15 años en 2025 fueron inferiores a los de 2022 en matemática y lectura, mientras que en ciencias fueron prácticamente iguales. En las tres áreas, los resultados fueron similares a los observados en 2015. En ciencias, esto expresa una tendencia estable desde ese año; en matemática y lectura, el descenso reciente revirtió los avances logrados después de 2015.

La situación merece atención. Los estudiantes peruanos obtuvieron puntuaciones inferiores al promedio de la OCDE en matemática, lectura y ciencias. Asimismo, una proporción menor que la registrada en el conjunto de países de la OCDE alcanzó los niveles más altos de desempeño, mientras que también fue menor la proporción que consiguió el nivel mínimo de competencia en las tres áreas.

La evaluación incorpora, además, una dimensión particularmente relevante para el futuro: la resolución de problemas computacionales. En esta competencia, el promedio de los estudiantes peruanos también estuvo por debajo del promedio de la OCDE.

Estos datos son una señal que no debemos minimizar. Pero tampoco debemos interpretarlos de manera reduccionista.

La calidad de la educación no son solamente tres materias

Matemática, lectura y ciencias son fundamentales. Una educación de calidad necesita fortalecer profundamente estos aprendizajes.

Un estudiante debe comprender lo que lee, argumentar, resolver problemas, interpretar información, desarrollar pensamiento matemático, comprender fenómenos científicos, investigar, crear y aplicar sus conocimientos a situaciones nuevas.

Pero educar es mucho más que preparar para responder correctamente una prueba.

La calidad educativa debe considerar a la persona en todas sus dimensiones. No basta formar estudiantes competentes académicamente si no desarrollamos al mismo tiempo ciudadanos capaces de convivir, dialogar, servir, cuidar y construir una sociedad más justa.

Por eso, los resultados de PISA deberían abrir una conversación nacional mucho más amplia: ¿qué entendemos por calidad educativa?

La excelencia académica es indispensable

No se trata de restar importancia a los aprendizajes evaluados por PISA. Por el contrario, debemos ser exigentes.

El Perú necesita una escuela donde aprender sea realmente una experiencia intelectual profunda. Necesitamos mejores estrategias pedagógicas, docentes con formación permanente, liderazgo directivo, evaluación para la mejora y políticas sostenidas que permitan recuperar aprendizajes y desarrollar capacidades superiores.

No podemos conformarnos con que nuestros estudiantes alcancen apenas los niveles mínimos.

El desafío debe ser formar estudiantes que comprendan, cuestionen, investiguen, creen y propongan.

La excelencia académica debe convertirse en una política nacional permanente y no en una reacción coyuntural cada vez que aparece una evaluación internacional.

Educar también es desarrollar la inteligencia espiritual

Pero existe una dimensión que las pruebas académicas no pueden recoger completamente: la capacidad de la persona para encontrar sentido a su existencia.

Un adolescente necesita preguntarse quién es, qué valores orientan su vida, cuál es su propósito, qué decisiones quiere tomar y qué tipo de persona desea llegar a ser.

La educación necesita promover el desarrollo de la inteligencia espiritual, entendida como la capacidad de buscar sentido, discernir, interiorizar valores, reconocer la dignidad propia y de los demás y orientar la existencia hacia aquello que considera bueno y verdadero.

Un estudiante puede alcanzar excelentes resultados académicos y, sin embargo, carecer de criterios para utilizar responsablemente sus conocimientos.

La educación debe ayudarlo a responder una pregunta fundamental:

¿Para qué quiero saber?

El conocimiento adquiere una dimensión mayor cuando se coloca al servicio de la persona, de la comunidad y del bien común.

Aprender a convivir, fraternizar y construir el bien común

La calidad educativa también se mide por la capacidad de una comunidad para convivir.

La sana convivencia no puede reducirse a evitar conflictos o sancionar conductas inadecuadas. Debe formar personas capaces de escuchar, respetar, dialogar, resolver diferencias y reconocer que la vida social exige responsabilidad.

La educación debe formar para la fraternidad.

En sociedades marcadas por la polarización, la violencia, la discriminación y la desconfianza, educar para reconocer al otro constituye una prioridad.

El estudiante necesita comprender que sus capacidades no existen únicamente para alcanzar éxito individual. También deben ponerse al servicio de los demás.

Aquí aparece una pregunta decisiva:

¿Qué ciudadano queremos que salga de nuestras escuelas?

No solamente alguien que consiga un título o un empleo, sino una persona capaz de participar responsablemente en la vida democrática, respetar las diferencias, cumplir sus deberes, defender sus derechos y trabajar por el bien común.

Comunión y cuidado de la naturaleza

La educación del futuro tampoco puede separar al ser humano de la naturaleza.

Necesitamos formar ciudadanos conscientes de que el desarrollo económico, científico y tecnológico debe estar acompañado por responsabilidad ambiental.

Cuidar el agua, los bosques, los ecosistemas, la biodiversidad y los recursos naturales no puede ser solamente contenido de una asignatura. Debe convertirse en una cultura.

La educación debe enseñar que nuestras decisiones tienen consecuencias y que las generaciones presentes tienen responsabilidades con quienes todavía no han nacido.

Cuidar la naturaleza es también cuidar a la humanidad.

La comunión entre las personas y la relación responsable con la creación deben formar parte de una educación integral orientada al bien común.

La familia es parte de la solución

La escuela no puede asumir sola la responsabilidad educativa.

La familia constituye el primer espacio donde una persona aprende hábitos, valores, responsabilidad, respeto, solidaridad y convivencia.

Por eso, una política educativa seria debe fortalecer la relación entre familia y escuela.

No se trata únicamente de convocar a los padres para informarles sobre las calificaciones. Se necesita construir una verdadera alianza educativa que permita acompañar el desarrollo integral de niños y adolescentes.

Cuando familia y escuela caminan en direcciones distintas, el estudiante recibe mensajes contradictorios. Cuando ambas trabajan juntas, las posibilidades de formación se multiplican.

Infraestructura y equipamiento también educan

No podemos exigir mejores aprendizajes sin atender las condiciones en las que estos deben producirse.

La política educativa necesita enfrentar las brechas de infraestructura, conectividad, equipamiento y recursos pedagógicos.

Una escuela segura, digna, accesible, equipada y tecnológicamente conectada no es un lujo. Es una condición para garantizar oportunidades educativas.

Los estudiantes necesitan bibliotecas, laboratorios, espacios deportivos, talleres, conectividad y ambientes adecuados para aprender.

La desigualdad de las condiciones materiales también puede convertirse en desigualdad de oportunidades.

Competencias digitales para el ciudadano del futuro

El resultado de PISA en resolución de problemas computacionales añade otra señal que no podemos ignorar.

La transformación digital exige mucho más que enseñar a utilizar dispositivos.

Los estudiantes necesitan aprender a buscar y evaluar información, identificar contenidos falsos, proteger sus datos personales, utilizar responsablemente la inteligencia artificial, resolver problemas, crear contenidos y trabajar colaborativamente en entornos digitales.

La competencia digital debe ir acompañada de criterio ético y pensamiento crítico.

No necesitamos únicamente usuarios de tecnología. Necesitamos ciudadanos capaces de utilizarla responsablemente para aprender, crear, investigar, trabajar y contribuir al bien común.

El ciudadano del futuro se construye desde hoy

El futuro no comienza mañana.

El ciudadano que necesitará el Perú dentro de diez, veinte o treinta años está actualmente en nuestras aulas.

Por eso, cada decisión educativa tiene consecuencias de largo plazo.

Si queremos una sociedad democrática, debemos educar para la participación y el diálogo.

Si queremos una sociedad fraterna, debemos educar para el encuentro.

Si queremos innovación, debemos educar para la creatividad y la investigación.

Si queremos desarrollo sostenible, debemos educar para el cuidado de la naturaleza.

Si queremos una sociedad digitalmente competente, debemos educar en tecnología y pensamiento crítico.

Si queremos una sociedad que conozca y valore la cultura, debemos educar para reconocer el legado dejado por nuestros ancestros y que constituye nuestro patrimonio cultural, material e inmaterial.

Si queremos ciudadanos comprometidos con el Perú y el mundo, debemos educar en responsabilidad, solidaridad y bien común.

Y si queremos personas capaces de orientar su vida, debemos educar también para el sentido y la trascendencia.

Debemos ser capaces de responder a la pregunta: ¿qué patrimonio educativo y cultural vamos a dejar a las presentes y futuras generaciones?

Saber dónde estamos para decidir hacia dónde vamos

PISA 2025 ofrece una fotografía importante. Nos dice que existen dificultades en los aprendizajes fundamentales y que Perú continúa por debajo del promedio de la OCDE en las áreas evaluadas. También muestra que no hemos logrado consolidar avances sostenidos en matemática y lectura y que existen desafíos importantes en competencias vinculadas con la resolución de problemas computacionales.

Pero una fotografía no determina el destino.

Nos muestra dónde estamos. No nos dice, por sí sola, hacia dónde debemos ir.

Esa decisión corresponde a la sociedad.

El Perú necesita construir una política educativa de largo plazo que articule excelencia académica, formación humana, inteligencia espiritual, convivencia, fraternidad, ciudadanía, familia, infraestructura, equipamiento, competencias digitales, cultura, ciencia y cuidado de la naturaleza.

No se trata de elegir entre conocimientos y valores. Necesitamos conocimientos con valores, competencias con propósito y excelencia puesta al servicio de la persona y de la sociedad.

La educación que mejoremos hoy será la sociedad que construiremos mañana.

Por eso, mejorar la educación constituye uno de los mejores legados que podemos entregar a las presentes y futuras generaciones.

En Educación & Sociedad asumimos que conocer los resultados es el primer paso. El siguiente es preguntarnos qué debemos cambiar. Y el desafío mayor consiste en transformar esa reflexión en decisiones capaces de construir una educación de calidad, integral, humana y comprometida con el bien común.

Informar para saber dónde estamos. Formar para decidir hacia dónde vamos. Trascender para construir el futuro.

Fuente

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). PISA 2025 Results, Volume I: Country Notes – Peru.

Consultar ficha oficial PISA 2025 – Perú, OCDE

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