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Cultura

Abiseo: un patrimonio que nos enseña a ser humanos

El Parque Nacional del Río Abiseo demuestra que proteger la naturaleza y la memoria cultural es también una tarea educativa y una responsabilidad con las futuras generaciones.

Hay lugares que no deberían visitarse solamente con los ojos. El Parque Nacional del Río Abiseo debe ser contemplado también con la conciencia. En sus bosques de neblina, montañas, especies amenazadas y vestigios arqueológicos se encuentra una lección fundamental: el patrimonio no nos pertenece; somos responsables de recibirlo, comprenderlo y entregarlo en mejores condiciones a quienes vendrán después.

Ubicado en la provincia de Mariscal Cáceres, San Martín, el parque comprende 274 520 hectáreas y protege una extraordinaria diversidad de ecosistemas. Su importancia natural se relaciona, entre otros valores, con la presencia del mono choro de cola amarilla, especie críticamente amenazada que fue considerada extinta antes de su redescubrimiento. UNESCO reconoce, además, el elevado nivel de endemismo y la diversidad de hábitats que conserva este territorio.

Pero Abiseo tiene una particularidad que lo convierte en una experiencia educativa excepcional: naturaleza y cultura forman una misma historia. La UNESCO lo incorporó al Patrimonio Mundial en 1990 por sus valores naturales y amplió su reconocimiento en 1992 para incluir sus valores culturales. Es, por ello, uno de los bienes mixtos del patrimonio mundial peruano.

Entre sus aproximadamente 36 sitios arqueológicos destacan el Gran Pajatén y Los Pinchudos, testimonios de sociedades que habitaron y transformaron estos espacios hace miles de años. No son simples piedras antiguas. Son huellas de inteligencia, organización, creatividad y adaptación humana en un territorio particularmente complejo.

Aquí aparece una tarea esencial de la educación. Conocer el patrimonio permite comprender que la humanidad no se construye destruyendo aquello que recibió, sino aprendiendo a convivir con la naturaleza, respetar la memoria y asumir responsabilidades colectivas. Una escuela que enseña el valor de Abiseo no transmite únicamente conocimientos sobre geografía, biodiversidad o arqueología: forma ciudadanos capaces de reconocer que el bien común está por encima del interés inmediato.

El patrimonio cultural y natural también cuestiona una educación encerrada en las aulas. Un bosque puede enseñar interdependencia; una especie amenazada, responsabilidad; un sitio arqueológico, memoria; una montaña, respeto por los límites de la intervención humana. Abiseo convierte así el territorio en un espacio pedagógico donde ciencia, historia, ética y ciudadanía pueden encontrarse y generar cohesión e identidad.

Su conservación exige precisamente esa mirada integral. SERNANP señala entre los objetivos del parque la protección de los bosques de neblina, las especies de fauna silvestre amenazadas y los complejos arqueológicos del Gran Pajatén y Los Pinchudos. El Ministerio de Cultura, por su parte, dispone de un Plan Maestro para este sitio del Patrimonio Mundial.

Educar para conservar Abiseo es educar para el futuro. Significa enseñar que la biodiversidad no es un inventario de especies, que la arqueología no es un conjunto de ruinas y que el patrimonio no es únicamente un atractivo turístico. Es una herencia viva que contiene preguntas sobre quiénes fuimos, quiénes somos y qué sociedad queremos dejar.

El desafío, por tanto, no consiste solamente en proteger un parque nacional. Consiste en formar generaciones capaces de comprender que cuidar la creación, preservar la memoria y procurar el bien común son expresiones de una misma responsabilidad humana. Abiseo nos recuerda que un país que conoce y valora su patrimonio aprende también a respetarse a sí mismo y a cuidar el planeta que habita.

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