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Educación

Educación, IA y los que no tienen acceso a internet

La revolución de la inteligencia artificial distante para millones de estudiantes que permanecen desconectados.

La inteligencia artificial puede convertirse en una extraordinaria herramienta educativa: amplía fuentes, facilita aprendizajes personalizados y abre nuevas posibilidades para crear, investigar y resolver problemas. Pero existe una condición previa que no puede ignorarse: no todos los estudiantes tienen las mismas oportunidades para acceder a la tecnología y aprender a utilizarla críticamente.

La pandemia de COVID-19 dejó una lección que todavía no hemos resuelto. Muchas familias compartían un solo dispositivo entre varios hijos; otras carecían de computadora, conectividad o incluso de una señal estable. Radio y televisión permitieron sostener parcialmente el servicio educativo, pero también hicieron visible una desigualdad que continúa, especialmente en comunidades rurales, amazónicas y zonas de frontera. 

En el Perú, esta realidad adquiere especial gravedad en las zonas rurales, amazónicas y de frontera, donde las dificultades de conectividad se combinan con dispersión poblacional, infraestructura limitada, dificultades de transporte y diversidad lingüística. Allí no basta con entregar dispositivos. Una computadora sin electricidad estable, conectividad, contenidos pertinentes, mantenimiento y docentes preparados puede terminar convertida en un recurso subutilizado.

La brecha digital ha adquirido una nueva dimensión. Ya no consiste solamente en tener un dispositivo o conexión, sino en saber utilizar la tecnología para aprender, comunicarse, producir conocimiento y participar en la sociedad. En la era de la IA, quien nunca puede experimentar con estas herramientas difícilmente podrá desarrollar criterios para evaluar sus respuestas, reconocer errores, proteger sus datos o utilizarlas responsablemente.

El desafío exige pasar de programas aislados a una política nacional de inclusión digital educativa. Las escuelas rurales y fronterizas necesitan conectividad sostenible, pero también soluciones adaptadas a su realidad: redes comunitarias, internet satelital donde sea necesario, centros tecnológicos comunitarios, dispositivos compartidos, contenidos descargables y servidores locales que permitan acceder a recursos educativos aun cuando no exista conexión permanente.

También es posible llevar la IA allí donde internet es limitado. Bibliotecas, laboratorios escolares y centros comunitarios pueden disponer de recursos digitales previamente descargados y herramientas que funcionen fuera de línea. La conectividad debe complementarse con formación docente, soporte técnico y materiales en lenguas originarias cuando corresponda.

La prioridad no debería ser simplemente conectar escuelas, sino garantizar que cada estudiante pueda convertir la tecnología en una oportunidad de aprendizaje. PISA 2029, al incorporar la alfabetización en medios e inteligencia artificial, coloca este desafío en primer plano.

La pregunta educativa ya no es quién tiene un dispositivo. Es más profunda: ¿quién tendrá la oportunidad de aprender a utilizar la IA para aprovecharlo en la construcción de su propio futuro, del bien común y el cuidado del planeta? Reducir esa desigualdad debe ser una responsabilidad compartida del Estado, las comunidades, las instituciones educativas y la sociedad.

La brecha digital, además, está cambiando. Ya no se trata únicamente de quién tiene internet, sino de quién puede utilizarlo para aprender y desarrollar capacidades. En la era de la IA, la desigualdad puede producir una nueva forma de exclusión: estudiantes que aprenden a formular preguntas, contrastar información, crear contenidos y resolver problemas con herramientas inteligentes frente a otros que ni siquiera tienen la posibilidad de experimentar con ellas.

Por eso, la respuesta no puede limitarse a conectar escuelas. El país necesita una estrategia de inclusión digital educativa territorial, con prioridad para las comunidades que históricamente han tenido menos oportunidades.

Una vez garantizado los servicios básicos, a continuación, se ofrece algunas alternativas de solución para avanzar en el cierre de la brecha digital:

1. Conectividad como servicio educativo.
Las políticas públicas deben garantizar conectividad educativa sostenible, priorizando las instituciones rurales, amazónicas y fronterizas.

2. Internet satelital donde no lleguen las redes terrestres.
En territorios dispersos o de difícil acceso, las soluciones satelitales pueden complementar otras tecnologías y reducir el aislamiento.

3. Centros tecnológicos comunitarios.
Una escuela conectada puede convertirse también en un espacio comunitario de acceso a internet, dispositivos y capacitación fuera del horario escolar.

4. Tecnología que funcione sin internet.
Los estudiantes no pueden quedar paralizados cuando falla la conexión. Servidores locales, bibliotecas digitales, contenidos descargables y aplicaciones offline permiten mantener oportunidades de aprendizaje.

5. Dispositivos compartidos, pero suficientes.
La entrega de equipos debe responder a criterios pedagógicos y territoriales. No basta con distribuir computadoras: debe garantizarse que puedan ser utilizadas efectivamente por los estudiantes.

6. Formación docente permanente.
La conectividad adquiere sentido cuando existen profesores capaces de integrar tecnología e IA en experiencias de aprendizaje, evaluar información y enseñar un uso ético y crítico.

7. Contenidos pertinentes para cada territorio.
La transformación digital debe incorporar lenguas originarias, culturas locales, conocimientos comunitarios y problemáticas propias de cada región.

8. Mantenimiento y soporte técnico local.
Una computadora averiada durante meses equivale, en la práctica, a una computadora inexistente. Las escuelas necesitan asistencia técnica cercana y permanente.

9. Alfabetización digital e inteligencia artificial desde la escuela.
No se trata de enseñar únicamente a utilizar aplicaciones. Hay que formar estudiantes capaces de preguntar, contrastar, detectar errores, proteger sus datos y utilizar la IA para el bien común.

10. Medir la brecha para poder cerrarla.
El Estado necesita información actualizada sobre conectividad, dispositivos, electricidad, competencias digitales, uso pedagógico y condiciones territoriales. Lo que no se identifica adecuadamente difícilmente puede resolverse.

El desafío es enorme, pero también ofrece una oportunidad. La inteligencia artificial no debería convertirse en otro factor que divida al Perú entre quienes pueden aprovecharla y quienes quedan fuera. La innovación educativa será transformadora cuando llegue también a la escuela situada en una comunidad alejada, al aula amazónica y a la zona de frontera; una innovación puesta para favorecer el desarrollo personal, que esté al servicio del bien común y el cuidado de la naturaleza.

La pregunta decisiva no es cuánto avanzará la inteligencia artificial. Es quiénes podrán participar de ese avance. Una educación que aspire al bien común no puede aceptar que el lugar donde nace un estudiante determine sus posibilidades de acceder al conocimiento.

Cerrar la brecha digital no significa únicamente llevar internet. Significa garantizar que ningún estudiante quede excluido de la oportunidad de aprender, crear, producir para beneficio de su desarrollo personal y del bien común.

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