Incendios forestales: proteger a la niñez debe ser una prioridad nacional
Una lección no aprendida que afecta directamente a la niñez de nuestro país.
Los incendios forestales amenazan la salud, la educación y la seguridad alimentaria de miles de niñas, niños y adolescentes en el Perú. En 2024, UNICEF advirtió sobre los riesgos del humo, la sequía y los daños en las comunidades educativas, y destacó la necesidad de una respuesta centrada en los derechos y el bienestar de la infancia. En 2026, esta problemática sigue interpelando a la sociedad: la persistencia de los incendios evidencia que aún tenemos importantes desafíos en prevención, educación ambiental y protección de los ecosistemas. Las consecuencias recaen sobre las comunidades, las familias y las personas, especialmente sobre la niñez y la adolescencia, que afrontan riesgos para su salud, su aprendizaje y su desarrollo integral. Prevenir los incendios forestales es una responsabilidad compartida y una tarea urgente para proteger la vida y el futuro de las nuevas generaciones.
Los incendios forestales representan una emergencia ambiental, sanitaria y educativa que exige una respuesta coordinada del Estado, las comunidades y la ciudadanía. En el Perú, sus consecuencias afectan especialmente a niñas, niños y adolescentes, cuya salud, aprendizaje y desarrollo integral requieren protección prioritaria.
Según la información difundida por UNICEF Perú 2024, más de 243 000 menores se encontraban afectados por los incendios forestales en regiones como Amazonas, San Martín y Ucayali. La organización también advirtió sobre los efectos del déficit hídrico, que compromete el acceso al agua segura, la alimentación y la continuidad de los servicios educativos.
El problema adquiere mayor gravedad cuando el fuego destruye la vegetación, perjudica los cultivos y deteriora las condiciones de vida de las familias. Las comunidades rurales y amazónicas afrontan riesgos particulares debido a su dependencia de los recursos naturales y a las dificultades que pueden encontrar para acceder oportunamente a servicios de salud, agua potable y protección social.
El humo también amenaza el aprendizaje
La exposición al humo de los incendios forestales puede provocar irritación de las vías respiratorias, agravar el asma y aumentar el riesgo de otras complicaciones de salud. Las partículas finas presentes en el aire contaminado pueden penetrar profundamente en los pulmones. Los bebés, las gestantes, las personas con enfermedades respiratorias y quienes viven cerca de los focos de incendio requieren especial atención.
Las consecuencias alcanzan también al ámbito educativo. La contaminación del aire, la evacuación de comunidades, los daños en la infraestructura y la interrupción de las clases afectan las oportunidades de aprendizaje y el bienestar emocional. El miedo, la pérdida de viviendas y la incertidumbre pueden generar ansiedad y dificultar la concentración de los estudiantes.
UNICEF ha señalado, además, la necesidad de atender los riesgos que enfrentan las escuelas ubicadas en zonas expuestas a incendios y sequías. Por ello, cada comunidad educativa necesita protocolos de emergencia, mecanismos de comunicación con las familias, rutas de evacuación seguras y procedimientos para suspender las actividades presenciales cuando las condiciones ambientales representen un peligro.
Prevenir, educar y actuar de manera coordinada
La respuesta debe integrar la prevención de incendios, la atención sanitaria, la protección de los derechos de la infancia y la recuperación de las comunidades afectadas. Las autoridades nacionales y locales tienen la responsabilidad de fortalecer los sistemas de alerta, garantizar el acceso a agua segura y alimentos, brindar atención médica y ofrecer acompañamiento psicológico cuando sea necesario.
Las instituciones educativas pueden contribuir mediante proyectos de educación ambiental, formación ciudadana y desarrollo de una cultura de prevención. Estudiantes, docentes y familias necesitan conocer cómo actuar ante la presencia de humo, a quién comunicar una emergencia y qué medidas seguir para reducir la exposición a contaminantes. Estas actividades deben desarrollarse con orientación especializada y sin poner a los menores en situaciones de riesgo.
La prevención también requiere vigilancia de las quemas, manejo responsable de los territorios, protección de los bosques y recuperación de los ecosistemas. El cambio climático incrementa el riesgo de condiciones favorables para incendios extremos en distintas regiones del mundo, mientras que las actividades humanas y las condiciones locales influyen en su aparición y propagación.
La niñez en el centro de las decisiones
Proteger a niñas, niños y adolescentes exige que las políticas de gestión del riesgo y adaptación climática incorporen sus necesidades específicas. La ayuda humanitaria debe asegurar agua potable, alimentos, higiene, atención sanitaria, protección frente a la violencia y continuidad educativa.
La emergencia también constituye una oportunidad para fortalecer la corresponsabilidad social. Las familias, las escuelas, las organizaciones comunitarias y las autoridades pueden construir una cultura preventiva que valore la vida, cuide los bienes naturales y promueva la solidaridad con las poblaciones afectadas.
La protección de la infancia debe orientar cada decisión antes, durante y después de un incendio forestal. Garantizar su salud, su educación y su bienestar es una responsabilidad compartida y una condición indispensable para construir comunidades más seguras y resilientes.
Informar para prevenir. Formar para cuidar. Trascender mediante una acción solidaria que proteja a las personas y al planeta.
Fuente consultada
UNICEF Perú. (2024, 30 de septiembre). Incendios forestales en Perú.
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