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Educación

IA en la escuela: formar para crear y aportar al bien común

La inteligencia artificial ya está en las manos de los jóvenes. La emplean para aprender, resolver tareas, crear contenidos, buscar información y comunicarse. La pregunta que la educación puede hacerse no es si los estudiantes utilizarán IA, sino para qué la utilizarán y qué tipo de sociedad contribuirán a construir con ella.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia ante PISA 2029. La evaluación incorporará por primera vez la Alfabetización Mediática e Inteligencia Artificial (MAIL), destinada a conocer cómo los estudiantes de 15 años se desenvuelven crítica, ética y responsablemente en un entorno donde los algoritmos y la IA tienen una presencia creciente. No evaluará programación ni dominio técnico de aplicaciones, sino capacidades para comprender, interactuar y actuar frente a estas tecnologías.

El marco internacional organiza las competencias en cuatro ámbitos: interactuar con la IA, crear con la IA, gestionar la IA y dar forma a la IA. Esta última dimensión resulta particularmente significativa. Sugiere que los estudiantes no deben ser únicamente usuarios o consumidores de tecnología, sino personas capaces de comprender su impacto y participar en la construcción de soluciones que respondan a necesidades reales.

Para Educación & Sociedad, aquí se encuentra el verdadero desafío. La IA no puede convertirse en la finalidad del aprendizaje; debe ser una herramienta al servicio de la persona y de la sociedad. Saber utilizarla sin saber discernir puede ampliar los riesgos: desinformación, dependencia, manipulación, pérdida de privacidad, plagio, sesgos o decisiones tomadas sin comprender sus consecuencias.

Por eso, formar para la IA significa, antes que nada, formar el juicio. Un estudiante necesita aprender a preguntar, contrastar, verificar, argumentar, reconocer límites y asumir responsabilidad por aquello que produce con ayuda de una máquina. La tecnología puede generar una respuesta; no puede reemplazar la conciencia que decide si esa respuesta es verdadera, justa, pertinente o beneficiosa.

También necesitamos recuperar con fuerza la dimensión ética de la educación y uso de la IA. La creatividad asistida por IA adquiere sentido cuando produce algo que mejora la vida: una solución para el trabajo, una propuesta para la comunidad, un recurso para aprender, una innovación que cuide el ambiente o una respuesta que ayude a quien más lo necesita.

La competencia decisiva, entonces, no será simplemente saber usar IA, sino saber usarla bien y para el bien. Bien para el desarrollo personal, porque amplía capacidades; bien para la vida profesional, porque permite innovar y resolver problemas; y bien para la sociedad, porque pone el conocimiento y la tecnología al servicio de otros.

Los resultados de PISA 2029 se conocerán en diciembre de 2031. Pero la tarea educativa no puede esperar hasta entonces. Cada aula tiene hoy la oportunidad de enseñar que una herramienta poderosa necesita personas igualmente capaces de discernir, crear y asumir responsabilidad.

La inteligencia artificial podrá multiplicar nuestras capacidades. La educación debe orientar hacia dónde utilizarlas.

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