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Educación

Inteligencia artificial en la enseñanza: aprender, pensar y crecer como personas

El informe del MIT propone orientar la inteligencia artificial hacia el desarrollo humano, la evaluación auténtica y el fortalecimiento del pensamiento crítico, con docentes y estudiantes como protagonistas del aprendizaje.

El MIT analiza los desafíos de la inteligencia artificial en la enseñanza y propone principios para fortalecer el aprendizaje, el pensamiento crítico y la formación integral.

La inteligencia artificial (IA) generativa está transformando la enseñanza y obliga a las instituciones educativas a revisar sus métodos, evaluaciones y propósitos formativos. Un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) plantea una cuestión fundamental para el futuro de la educación: ¿cómo aprovechar las posibilidades de esta tecnología sin debilitar el pensamiento crítico, el esfuerzo intelectual y las relaciones humanas que hacen posible el aprendizaje?

El Report of MIT’s Ad Hoc Committee on AI Use in Teaching, Learning, and Research Training, elaborado por un comité integrado por estudiantes, docentes y personal vinculado con la innovación educativa, ofrece criterios para orientar esta transformación. Su aporte principal consiste en situar el desarrollo humano en el centro de las decisiones sobre el uso de la inteligencia artificial.

La tecnología transforma la experiencia de aprender

El informe parte de una realidad presente en la comunidad académica del MIT: estudiantes y profesores utilizan herramientas de IA para resolver problemas, programar, buscar información, revisar textos y resumir contenidos. Una encuesta realizada por el comité recibió 1.632 respuestas. El 44 % de las personas encuestadas manifestó utilizar ChatGPT con frecuencia o mucha frecuencia; el porcentaje fue del 46 % entre los estudiantes y del 35 % entre los docentes.

Estos datos describen el avance de la tecnología en una institución universitaria y evidencian la necesidad de establecer criterios pedagógicos claros. El documento recoge distintas percepciones sobre sus beneficios y riesgos, además de preocupaciones relacionadas con la evaluación, la confianza y las oportunidades de aprendizaje.

La IA puede facilitar el acceso a información, ofrecer explicaciones adicionales y apoyar la elaboración de proyectos. Sin embargo, obtener una respuesta correcta no demuestra, por sí mismo, que el estudiante haya comprendido el contenido o desarrollado las capacidades necesarias para aplicarlo en situaciones nuevas.

Por ello, las instituciones educativas necesitan distinguir entre la realización de una tarea y el aprendizaje que esa actividad procura desarrollar. Comprender, argumentar, resolver problemas y tomar decisiones exige práctica, reflexión, esfuerzo y capacidad para evaluar críticamente la información.

Ocho principios para orientar el uso de la IA

El comité propone ocho principios que pueden contribuir a una incorporación responsable de estas herramientas en la enseñanza:

  1. Actuar con humildad. Reconocer que la tecnología evoluciona rápidamente y revisar las decisiones institucionales a partir de la experiencia y de nuevas evidencias.
  2. Actuar con audacia. Explorar las oportunidades de la IA para personalizar el aprendizaje, desarrollar proyectos y ampliar las posibilidades de investigación, con una evaluación permanente de sus riesgos.
  3. Poner a las personas en el centro. Proteger el desarrollo integral del estudiante, la autonomía docente, la confianza y las relaciones que sostienen la experiencia educativa.
  4. Centrarse en el aprendizaje. Diseñar actividades que permitan demostrar comprensión, razonamiento, creatividad y dominio de los conocimientos.
  5. Enseñar con intención. Definir qué deben saber, saber hacer y valorar los estudiantes antes de seleccionar herramientas, actividades y evaluaciones.
  6. Adaptar las decisiones a cada contexto. Considerar las características de las asignaturas, las disciplinas, las edades y los objetivos formativos, dentro de criterios institucionales comunes.
  7. Ampliar las capacidades humanas. Utilizar la IA para explorar, crear y resolver problemas, preservando las oportunidades para ejercitar el pensamiento y construir conocimientos propios.
  8. Mirar más allá del aula. Reconocer que la educación también forma la identidad, el juicio ético, la convivencia y la capacidad de participar responsablemente en la sociedad.

Estos principios ofrecen una orientación para que cada comunidad educativa establezca normas transparentes sobre el uso de la IA, promueva la formación de docentes y estudiantes y revise sus prácticas de evaluación.

Evaluar el aprendizaje en la era de la inteligencia artificial

Uno de los desafíos más importantes es comprobar qué ha aprendido realmente cada estudiante. Los trabajos realizados en casa, los ejercicios y los textos académicos pueden elaborarse con asistencia tecnológica, por lo que las instituciones necesitan diversificar sus estrategias de evaluación.

La explicación oral, la resolución de problemas en el aula, la defensa de proyectos, la observación del proceso de trabajo y la elaboración progresiva de productos pueden aportar evidencias complementarias del aprendizaje. Estas estrategias deben adecuarse a cada nivel educativo y aplicarse con criterios claros y justos.

También es necesario enseñar a contrastar fuentes, identificar errores, reconocer sesgos y verificar los resultados generados por la IA. La alfabetización digital comprende el manejo de herramientas y, especialmente, la capacidad de juzgar cuándo sus respuestas son pertinentes, fiables y éticamente aceptables.

La evaluación debe reconocer, además, el proceso seguido por el estudiante: las preguntas que formula, las decisiones que toma, las dificultades que supera y las razones que sustentan sus conclusiones. Así, la tecnología puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la autonomía y la responsabilidad académica.

El desafío educativo: formar personas íntegras

La reflexión del MIT adquiere especial importancia para el Perú, donde la incorporación de nuevas tecnologías debe considerar las desigualdades de conectividad, equipamiento y formación docente. Una política educativa responsable requiere infraestructura sostenible, capacitación, acompañamiento pedagógico y criterios de uso que protejan la privacidad y promuevan la equidad.

Las escuelas y universidades necesitan integrar la inteligencia artificial en sus proyectos educativos, vinculándola con las competencias, los valores y las necesidades de sus comunidades. La formación tecnológica debe acompañarse de educación ética, convivencia democrática, solidaridad y compromiso con el bien común.

En este proceso, el docente conserva una función decisiva como mediador del aprendizaje, orientador del pensamiento y referente de convivencia. La IA puede ofrecer recursos y apoyo, mientras que la relación pedagógica permite acompañar a cada estudiante, reconocer sus necesidades y promover su desarrollo personal y social.

La educación también debe cultivar la inteligencia emocional y espiritual, la capacidad de dialogar, el respeto por la dignidad humana y la responsabilidad frente a la naturaleza. Estas dimensiones contribuyen a que el conocimiento se traduzca en decisiones conscientes y acciones solidarias.

El informe del MIT invita, en definitiva, a orientar la innovación tecnológica hacia una educación que fortalezca las capacidades humanas. El desafío consiste en formar estudiantes capaces de pensar con autonomía, crear con iniciativa, convivir con respeto y utilizar responsablemente las herramientas disponibles.

Informar, formar y trascender significa aprovechar los avances tecnológicos para ampliar las oportunidades de aprendizaje, fortalecer los valores y contribuir a una sociedad más justa, fraterna y comprometida con el bien común.

Fuentes consultadas

1. Massachusetts Institute of Technology (MIT). Report of MIT’s Ad Hoc Committee on AI Use in Teaching, Learning, and Research Training. Disponible en: Ver documento.

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