Primero: la educación, una ruta para transformar el sistema educativo peruano
El Plan Nacional de Educación 2026-2031 plantea cerrar brechas, mejorar aprendizajes y transformar las condiciones para educar.
La educación peruana enfrenta un desafío que no puede resolverse únicamente con más programas o nuevas disposiciones. El problema es más profundo: existen brechas de aprendizaje, desigualdades territoriales, limitaciones en infraestructura y conectividad, dificultades para garantizar condiciones adecuadas de enseñanza y una necesidad creciente de fortalecer las capacidades de docentes e instituciones educativas frente a un mundo marcado por la transformación tecnológica.
En este contexto, la Resolución Ministerial N.° 586-2026-MINEDU, publicada el 24 de septiembre de 2026, aprueba el Plan Nacional de Educación Quinquenal 2026-2031: “Primero: La Educación”, concebido como una hoja de ruta para orientar la política educativa durante los próximos cinco años.
Más que preguntarse solamente qué acciones propone el Plan, corresponde analizar dos cuestiones fundamentales: ¿cuál es la situación educativa que busca transformar y qué realidad quiere alcanzar al 2031?
Un diagnóstico que exige transformar el sistema
El punto de partida es una educación que todavía no garantiza las mismas oportunidades para todos.
Las diferencias territoriales continúan siendo uno de los principales desafíos. Las condiciones en las que aprende un estudiante no son iguales en Lima, una ciudad intermedia, una comunidad rural, una localidad amazónica o una zona de frontera. Las brechas de infraestructura, servicios básicos, conectividad, recursos pedagógicos y oportunidades de formación docente terminan influyendo en las posibilidades de aprendizaje.
El problema no se reduce, por tanto, a los resultados de una evaluación. Detrás de cada indicador existe una institución educativa con determinadas condiciones, un docente que necesita herramientas para enseñar, una familia con determinadas posibilidades de acompañamiento y un estudiante que requiere oportunidades reales para desarrollar sus capacidades.
La evidencia disponible muestra la magnitud de estas diferencias. El análisis educativo nacional ha identificado una importante brecha urbano-rural en los aprendizajes y condiciones particularmente desiguales de infraestructura y conectividad. En 2024, por ejemplo, solo una pequeña proporción de escuelas rurales reunía simultáneamente servicios básicos e internet, frente a una situación considerablemente mejor en el ámbito urbano.
Por eso, hablar de calidad educativa exige hablar también de equidad territorial.
Una escuela sin agua, electricidad, conectividad, equipamiento suficiente o mantenimiento adecuado no parte de las mismas condiciones que otra que dispone de estos servicios. Exigir resultados equivalentes sin atender estas diferencias significa ignorar parte del problema.
La situación futura deseada: una educación de calidad para todos
El Plan Nacional de Educación 2026-2031 plantea una transformación progresiva del sistema. Su horizonte no debería entenderse solamente como la mejora de determinados indicadores, sino como la construcción de condiciones que permitan que cada estudiante pueda aprender, desarrollarse y proyectar su futuro.
La situación futura deseada requiere una educación que combine aprendizajes sólidos, formación integral, bienestar, ciudadanía, valores, tecnología, capacidades para el trabajo y oportunidades de desarrollo personal y colectivo.
Esta perspectiva resulta especialmente importante porque la calidad educativa no puede reducirse a lectura, matemática o ciencias, aunque estas competencias sean fundamentales.
Educar también significa formar personas capaces de convivir, respetar la dignidad de los demás, actuar con responsabilidad, trabajar con otros, resolver conflictos, valorar la diversidad cultural, cuidar el ambiente y participar en la construcción del bien común.
En otras palabras, la excelencia académica necesita estar acompañada de una sólida formación humana y ética.
Las comunidades que más necesitan al Estado
Una verdadera política nacional de educación no puede tratar de la misma manera realidades profundamente diferentes.
Las comunidades rurales, amazónicas y de frontera deben ocupar un lugar prioritario en la implementación del Plan. No porque sus estudiantes tengan menores capacidades, sino porque enfrentan mayores barreras para ejercer plenamente su derecho a aprender.
La política educativa debe preguntarse qué necesita una escuela multigrado rural, qué condiciones requiere una institución de Educación Intercultural Bilingüe, cómo garantizar docentes preparados para contextos amazónicos, cómo asegurar continuidad educativa en territorios alejados y cómo utilizar la tecnología sin desconocer las lenguas, culturas y formas de vida de las comunidades.
La equidad no consiste en entregar exactamente lo mismo a todos. Consiste en garantizar a cada territorio las condiciones que necesita para alcanzar el derecho común a una educación de calidad.
Internet: de recurso tecnológico a condición educativa
En esta transformación, el acceso a internet adquiere una importancia estratégica.
La conectividad permite acceder a bibliotecas, plataformas educativas, materiales digitales, experiencias de otras escuelas, formación docente y nuevas fuentes de conocimiento. Pero su importancia aumenta cuando se analiza desde las brechas territoriales: allí donde el acceso digital es limitado, también se restringen oportunidades de aprendizaje.
El reto, sin embargo, no consiste simplemente en conectar escuelas.
Una política sostenible debe considerar conectividad, equipamiento, capacitación, soporte técnico, mantenimiento, reposición y actualización tecnológica. Si alguno de estos componentes falla, la inversión puede perder capacidad de impacto.
La experiencia demuestra que entregar dispositivos no equivale automáticamente a transformar los aprendizajes. Una computadora, una tablet, un servidor o un sistema de internet tienen verdadero sentido educativo cuando pueden ser utilizados de manera continua, pertinente y pedagógicamente orientada.
Por ello, la conectividad debe dejar de ser considerada una intervención aislada y convertirse en parte de las condiciones estructurales del servicio educativo.
Inteligencia artificial: aprender con la tecnología sin perder el sentido humano
La inteligencia artificial introduce un nuevo desafío.
El Perú ya ha comenzado a incorporar herramientas de IA en procesos de formación docente y planificación curricular. El propio Ministerio de Educación ha planteado el uso ético y pedagógico de estas herramientas para apoyar la planificación, la evaluación y la personalización de los aprendizajes.
El desafío para el quinquenio consiste en ampliar esta perspectiva sin convertir la IA en sustituto del docente ni en una solución automática para los problemas educativos.
La IA puede ayudar a generar materiales, adaptar actividades, ofrecer retroalimentación, explorar información y atender diferentes ritmos de aprendizaje. Pero también puede producir información incorrecta, reproducir sesgos, afectar la privacidad o fomentar aprendizajes superficiales si se utiliza sin criterios pedagógicos.
Por ello, los estudiantes necesitan aprender con IA y sobre IA.
Esto supone desarrollar pensamiento crítico, capacidad de verificar información, responsabilidad en el uso de datos, respeto por la autoría, comprensión de los límites de estas herramientas y criterios éticos para decidir cuándo y cómo utilizarlas.
El docente, lejos de perder relevancia, adquiere una función todavía más importante: orientar, contextualizar, discernir, acompañar y convertir la tecnología en una experiencia educativa significativa.
La IA puede procesar información. La educación debe formar personas capaces de darle sentido y utilizarla responsablemente.
Equipamiento sí, pero con capacitación y mantenimiento
El Plan debe ser leído también desde una premisa básica: la inversión educativa no termina cuando se entrega un equipo o se inaugura una infraestructura.
Toda política de equipamiento requiere prever su ciclo completo.
Primero, infraestructura adecuada. Luego, equipamiento pertinente. Después, capacitación de docentes y directivos. A continuación, soporte técnico, mantenimiento preventivo y correctivo, actualización y reposición.
Sin esta cadena, una inversión puede deteriorarse rápidamente.
La sostenibilidad debe formar parte del diseño de cada intervención educativa. Esto incluye también criterios de eficiencia energética, adaptación al territorio, gestión de residuos electrónicos y capacidad local para mantener operativos los recursos.
En las comunidades alejadas este aspecto es todavía más importante. Una escuela no puede depender permanentemente de especialistas que se encuentran a cientos de kilómetros para resolver una falla tecnológica básica.
La transformación educativa requiere capacidades instaladas en los territorios.
Educar para el futuro también significa educar para el trabajo
Otra dimensión de la situación futura deseada es la relación entre educación y mundo laboral.
El reto consiste en superar una concepción reducida según la cual estudiar sirve únicamente para obtener un título y conseguir empleo.
La educación debe preparar para un mundo laboral cambiante, donde la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial están modificando ocupaciones, procesos productivos y competencias requeridas.
Esto exige fortalecer desde la educación básica capacidades que tendrán valor a lo largo de la vida: comunicación, pensamiento crítico, resolución de problemas, creatividad, colaboración, competencias digitales, iniciativa y capacidad para aprender permanentemente.
En la educación secundaria, técnico-productiva y superior, esta relación puede profundizarse mediante orientación vocacional, formación técnica pertinente, emprendimiento, certificaciones, experiencias prácticas y vínculos con las necesidades productivas de cada territorio.
Pero esta articulación debe preservar el sentido integral de la educación.
Educar para el trabajo no significa educar solamente para el empleo. Significa preparar personas capaces de desarrollar un proyecto de vida, asumir valores, contribuir productivamente a su comunidad y participar responsablemente en la sociedad.
En una comunidad amazónica, por ejemplo, la educación puede dialogar con la bioeconomía, la gestión sostenible del territorio y los conocimientos locales. En las zonas rurales puede relacionarse con innovación productiva, agricultura, servicios y emprendimiento. En las fronteras puede responder a las dinámicas comerciales, culturales y sociales propias de esos territorios.
La pertinencia territorial puede convertirse en una fortaleza y no solamente una limitación.
Valores para una sociedad que necesita reencontrarse
Existe una dimensión que ninguna transformación tecnológica puede sustituir: la formación en valores.
Una escuela conectada, equipada y dotada de inteligencia artificial puede ser más eficiente; pero solamente será verdaderamente educativa si contribuye a formar personas responsables, solidarias, respetuosas y comprometidas con los demás.
El país necesita estudiantes capaces de ejercer sus derechos, pero también de reconocer los derechos de los otros; personas que puedan competir profesionalmente, pero también cooperar; ciudadanos que conozcan sus deberes y comprendan que sus decisiones tienen consecuencias sobre la comunidad y el ambiente.
La educación en valores no debería aparecer como un complemento periférico del currículo. Debe expresarse en la convivencia cotidiana, en la relación entre docentes y estudiantes, en la participación de las familias, en el respeto a las diferencias, en la responsabilidad frente al conocimiento y en la manera de utilizar la tecnología.
Incluso la inteligencia artificial debe ser incorporada desde esta perspectiva: no todo lo técnicamente posible es necesaria y pedagógicamente conveniente o éticamente correcto.
La transformación requiere cambiar las estructuras
El mayor desafío del Plan Nacional de Educación no está únicamente en sus objetivos. Está en su capacidad para modificar las condiciones que producen los problemas identificados.
Si las escuelas deben mejorar, necesitan mayor capacidad de gestión, acompañamiento y recursos.
Si los docentes deben transformar sus prácticas, necesitan formación pertinente, tiempo, reconocimiento y apoyo.
Si se quiere cerrar la brecha digital, se necesita conectividad estable, equipamiento, mantenimiento y capacidades.
Si se quiere mejorar la educación rural y amazónica, se necesitan políticas diferenciadas y sostenidas.
Si se pretende incorporar IA, se necesitan criterios pedagógicos, formación docente, infraestructura tecnológica y regulación responsable.
Si se quiere construir una sociedad en paz, se necesita promover una cultura de paz en la que se proteja los derechos y deberes, la exigencia por el respeto personal y el respeto del otro.
Y si se quiere formar ciudadanos íntegros, los valores deben atravesar la experiencia educativa cotidiana.
Por ello, implementar el Plan implica una transformación institucional, siendo el programa una de las partes integrantes de este proceso.
Del Plan a resultados verificables
La fortaleza de una política educativa se demuestra cuando puede responder con evidencia a preguntas concretas.
¿Hay menos estudiantes que no alcanzan los aprendizajes esperados?
¿Se redujeron las brechas entre escuelas urbanas y rurales?
¿Más instituciones cuentan con internet funcional?
¿Los equipos permanecen operativos después de varios años?
¿Los docentes están preparados para utilizar tecnologías e inteligencia artificial con sentido pedagógico?
¿Las escuelas amazónicas y de frontera reciben atención diferenciada?
¿Los estudiantes desarrollan mejores capacidades socioemocionales y ciudadanas?
¿La formación técnica responde mejor a las oportunidades productivas de cada territorio?
¿La educación está formando personas competentes y, al mismo tiempo, responsables y solidarias?
Estas preguntas deberían acompañar el seguimiento del Plan durante todo el quinquenio.
Porque un plan nacional no transforma por el solo hecho de ser aprobado. Transforma cuando sus decisiones llegan al aula y modifican las oportunidades concretas de aprendizaje de los estudiantes.
Primero la educación, primero la persona
El nombre del Plan —“Primero: La Educación”— puede entenderse como una prioridad nacional. Pero colocar primero la educación significa, en última instancia, colocar en el centro a la persona que aprende.
Significa que un menor de una comunidad amazónica debe tener oportunidades reales de acceder al conocimiento; que un adolescente de una zona rural pueda conectarse con el mundo sin perder sus raíces; que un estudiante de frontera pueda recibir una educación pertinente y de calidad; que cada docente disponga de las herramientas necesarias para enseñar; y que la tecnología amplíe oportunidades en lugar de profundizar desigualdades.
La situación futura deseada no debería ser solamente un sistema educativo más digital, más equipado o más eficiente.
Debe ser un sistema más equitativo, humano, pertinente, innovador y sostenible.
Una educación que enseñe a comprender el mundo, utilizar responsablemente la tecnología, convivir con otros, trabajar y crear; pero también a actuar con valores, cuidar la casa común y servir al bien común.
El desafío del quinquenio 2026-2031 será convertir el Plan en una transformación que pueda sentirse en cada escuela y medirse en cada territorio.
Porque poner primero la educación significa garantizar que ningún estudiante quede al margen del futuro por haber nacido lejos, por hablar otra lengua, por vivir en una comunidad rural, amazónica o fronteriza, o por no haber tenido acceso a las herramientas necesarias para aprender.
Informar. Formar. Trascender. Esa debe ser también la medida de una educación de calidad para todos.
Fuentes consultadas:
- Ministerio de Educación del Perú. Resolución Ministerial N.° 586-2026-MINEDU, de 24 de septiembre de 2026, que aprueba el Plan Nacional de Educación Quinquenal 2026-2031: “Primero: La Educación”.
- Ministerio de Educación. Programa de planificación curricular con herramientas de IA, que establece el uso ético y pedagógico de estas tecnologías como apoyo al proceso de enseñanza y aprendizaje.
- Ministerio de Educación. Documentos sobre IA en el proceso educativo, que plantean su uso responsable como recurso para la enseñanza y el aprendizaje.
- Consejo Nacional de Educación. Elementos para un Plan de Desarrollo de la Educación Peruana en el marco del Proyecto Educativo Nacional al 2036, utilizado como referencia complementaria para la lectura de las brechas territoriales y digitales.
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