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Educación

Brecha digital en el Perú: las propuestas para fortalecer la educación a distancia y los desafíos que aún persisten

La pandemia dejó una lección que el Perú aún no termina de aprender

Cuando millones de estudiantes peruanos dejaron las aulas en 2020, la educación dependió de una condición que hasta entonces había pasado inadvertida para muchas familias: contar con conexión a internet y un dispositivo adecuado. La emergencia sanitaria convirtió la brecha digital en una de las expresiones más visibles de la desigualdad educativa. Seis años después, el desafío continúa vigente y vuelve a ocupar un lugar en el debate público a través de las propuestas del Plan de Gobierno de Fuerza Popular para el periodo 2026-2031.

El documento plantea un conjunto de medidas orientadas a ampliar el acceso a la tecnología y fortalecer la educación a distancia. Entre ellas figura la provisión de recursos y servicios tecnológicos para docentes y estudiantes, que necesariamente debe ir acompañada de conectividad.

Otra iniciativa contempla el establecimiento de compromisos entre el Ministerio de Educación y los Gobiernos Regionales para ejecutar políticas dirigidas al cierre de las brechas tecnológicas. La descentralización constituye un componente relevante porque las condiciones de conectividad varían significativamente entre regiones. Mientras algunas capitales provinciales cuentan con redes de banda ancha relativamente consolidadas, numerosas comunidades rurales todavía enfrentan limitaciones de cobertura, infraestructura, dificultades económicas para el acceso a equipamiento y suministro eléctrico.

La propuesta de mayor alcance es la elaboración de una política nacional de educación a distancia transversal a todos los niveles educativos. Su importancia radica en que la virtualidad ya no debe entenderse únicamente como una respuesta frente a emergencias, sino como una modalidad complementaria capaz de ampliar oportunidades de aprendizaje permanente. Para ello, será indispensable desarrollar un currículo adaptado a los entornos digitales, acompañado por plataformas con contenidos educativos, bibliotecas virtuales, recursos interactivos y aplicaciones de acceso gratuito para estudiantes y docentes.

El plan también plantea facilitar el acceso a una «canasta tecnológica», integrada por tabletas o computadoras portátiles, teléfonos inteligentes y conexión de banda ancha. Sin embargo, la experiencia de los últimos años ha demostrado que distribuir equipos, por sí sola, no garantiza mejores aprendizajes. Su aprovechamiento depende de la calidad del servicio de internet, del mantenimiento de los dispositivos y, especialmente, de la formación de los docentes para integrar la tecnología en los procesos pedagógicos.

En esa misma línea, se propone asegurar tarifas sociales para los hogares rurales mediante convenios entre el Ministerio de Educación y operadores de telecomunicaciones. El objetivo es facilitar el acceso a contenidos educativos actualizados y reducir el costo que representa la conectividad para las familias con menores ingresos. Diversos organismos internacionales, entre ellos la UNESCO, sostienen que el acceso equitativo a la conectividad constituye una condición necesaria para garantizar una educación inclusiva y de calidad. En ese sentido, el acceso a internet se ha convertido en un requisito importante para garantizar el derecho a la educación y reducir las diferencias entre territorios.

El desafío, sin embargo, trasciende la infraestructura. El Perú todavía carece de una definición ampliamente desarrollada sobre el perfil del ciudadano digital que busca formar. La competencia tecnológica debe ir acompañada de pensamiento crítico, alfabetización mediática, uso ético de la inteligencia artificial, protección de datos personales y convivencia responsable en los entornos virtuales. Estas capacidades cobran especial relevancia ante la incorporación de la alfabetización en medios e inteligencia artificial como nuevo dominio de evaluación en el programa PISA 2029.

También permanece abierta la discusión sobre el perfil docente que requiere esta transformación. La formación inicial y el desarrollo profesional continuo deberán preparar a los maestros para diseñar experiencias de aprendizaje híbridas, seleccionar recursos digitales pertinentes y promover un uso responsable de la tecnología. El Marco del Buen Desempeño Docente del Ministerio de Educación establece que el profesor debe integrar herramientas tecnológicas de manera pertinente para favorecer los aprendizajes, una exigencia que adquiere hoy una dimensión mucho más amplia.

Existe, además, un aspecto poco visible en las propuestas tecnológicas: el contenido. La digitalización educativa no solo implica transmitir información, sino también fortalecer la identidad nacional. Las plataformas virtuales pueden convertirse en espacios para preservar, valorar y difundir el patrimonio cultural peruano, acercando a estudiantes de todas las regiones a la riqueza histórica, lingüística y artística del país. La tecnología encuentra así un propósito que trasciende la innovación y contribuye a la construcción de ciudadanía.

Cerrar la brecha digital supone mucho más que ampliar la cobertura de internet o distribuir dispositivos electrónicos. Requiere una visión educativa capaz de articular infraestructura, formación docente, contenidos de calidad, cultura digital y equidad territorial. Si las propuestas logran traducirse en políticas sostenibles, el Perú estará en mejores condiciones para garantizar que la tecnología deje de ser un factor de exclusión y se convierta en una herramienta de aprendizaje, desarrollo humano e integración social. Ese es el horizonte que conecta el sentido de Educación & Sociedad: informar con evidencia, formar ciudadanos preparados para los desafíos del siglo XXI y trascender mediante una educación que impulse la transformación del país.

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