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Educación

Educación y cultura: prioridades que no pueden quedar atrás

El discurso del Presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, ante la Cámara de Diputados presenta una agenda marcada por las emergencias que enfrenta el Perú. La prevención frente al Fenómeno El Niño, la atención de los puntos críticos, la productividad, la gobernabilidad, la preparación ante sismos y otros desastres, así como la seguridad ciudadana, aparecen con razón entre las prioridades inmediatas. El país necesita un Estado capaz de anticiparse a las emergencias y su reacción ante las mismas, así como garantizar la vida, la integridad y la seguridad de sus ciudadanos.

La prevención no puede esperar. El propio Gobierno reconoce retrasos en obras destinadas a reducir riesgos y anuncia la intervención de 536 puntos críticos, además del fortalecimiento progresivo de los equipos especializados de búsqueda y rescate. La experiencia reciente de lluvias, aniegos y otros eventos confirma que prevenir cuesta menos que reconstruir y, sobre todo, puede evitar pérdidas humanas y sociales.

Pero atender las emergencias del presente no debe desplazar la construcción del futuro. Por ello, resulta especialmente urgente que la educación ocupe un lugar prioritario en la política gubernamental. El discurso plantea una educación que “enseñe para la vida” y establece como aprendizajes fundamentales la comprensión lectora, la escritura, el razonamiento matemático, la educación cívica, la educación financiera, las herramientas digitales y la formación para el empleo. También anuncia una evaluación del currículo durante 2026 y una ruta hacia un nuevo diseño curricular.

Esta orientación merece respaldo, pero también una exigencia: mejorar los aprendizajes debe convertirse en una prioridad nacional medible y sostenida. No basta con modificar el currículo o distribuir materiales. Este tipo de reformas puede y debe orientarse a un proyecto país, la identificación del ciudadano que deseamos formar y los valores que, como nación, nos debe caracterizar. El verdadero resultado será que los estudiantes comprendan, razonen, escriban, resuelvan problemas, analicen con juicio crítico, ejerzan ciudadanía, vivan valores y puedan tomar decisiones responsables sobre su propia vida y su comunidad en búsqueda del bien común.

Sin embargo, hay una ausencia que merece ser señalada: la cultura prácticamente no aparece como una prioridad explícita.

Y esto es especialmente relevante en un país como el Perú. Nuestra realidad pluricultural y multilingüe permite valorar, preservar y promover nuestro patrimonio histórico, arqueológico, artístico e inmaterial; fortalece la identidad y contribuye a la cohesión social. No debería entenderse como un ámbito complementario de la educación, sino como una dimensión fundamental de la formación integral.

Además, educación y cultura necesitan caminar juntas. Una escuela que enseña a leer, razonar y utilizar tecnologías debe también enseñar a comprender la historia, valorar la diversidad, reconocer el patrimonio y respetar las distintas expresiones culturales del país.

El Perú necesita seguridad para vivir, prevención para resistir las emergencias y educación para construir oportunidades. Pero necesita también cultura para saber quién es, de dónde viene y qué sociedad quiere construir. Esa articulación debería formar parte de una política de Estado orientada no solamente a enfrentar los problemas de hoy, sino a formar ciudadanos capaces de construir el país del mañana.

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