Anuncio Superior
Educación

COMPETENCIAS IA: cuando la tecnología debe estar al servicio del bien común

PISA 2029 plantea competencias para usar inteligencia artificial con criterio, ética y responsabilidad.

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana. Los estudiantes la utilizan para buscar información, aprender, crear contenidos, resolver problemas y comunicarse. Ante esta realidad, la educación enfrenta una pregunta que va mucho más allá del dominio técnico: ¿estamos formando jóvenes capaces de utilizar la IA o personas capaces de utilizarla para el bien?

La pregunta adquiere especial relevancia ante PISA 2029. La OCDE incorporará como dominio innovador la Alfabetización Mediática y en Inteligencia Artificial (MAIL), destinada a evaluar cómo los estudiantes interactúan de manera activa y crítica con contenidos digitales, plataformas mediáticas y sistemas de IA. La evaluación, según la versión inicial planteada este 2026, utilizará también entornos simulados de internet, redes sociales y herramientas de IA.

El marco preliminar identifica cinco competencias fundamentales.

1. Acceder y utilizar. Supone localizar, acceder y emplear contenidos digitales, plataformas y sistemas de IA de manera adecuada. No se trata simplemente de saber entrar en una aplicación, sino de comprender qué herramienta se está utilizando y con qué propósito.

2. Analizar y evaluar. Implica examinar la credibilidad, calidad, intención y significado de los contenidos. Frente a una respuesta generada por IA, el estudiante debe preguntarse si es verdadera, suficiente, sesgada o confiable. La primera respuesta del algoritmo nunca debería convertirse automáticamente en la última palabra.

3. Participar y colaborar. Consiste en interactuar y trabajar con otras personas mediante plataformas digitales y sistemas de IA. La competencia tecnológica adquiere así una dimensión social: comunicar, dialogar, colaborar y participar responsablemente en una sociedad cada vez más digital.

4. Crear. Significa producir contenidos utilizando medios digitales y herramientas de IA. Pero crear no equivale a generar automáticamente. Exige aportar ideas, tomar decisiones, revisar resultados y asumir responsabilidad por aquello que se produce y comparte.

5. Reflexionar y actuar ética y responsablemente. Esta competencia atraviesa todas las anteriores. Significa considerar las consecuencias de utilizar IA y contenidos digitales, respetar derechos, privacidad y dignidad, reconocer posibles sesgos y actuar de manera responsable. Para la OCDE, esta dimensión ética no constituye un complemento, sino un componente transversal de la alfabetización mediática y en IA.

Esta última competencia permite comprender el verdadero desafío educativo. La IA puede aumentar nuestras capacidades, pero no puede reemplazar nuestra responsabilidad. Saber formular instrucciones, generar imágenes, resumir documentos o producir textos tiene valor únicamente cuando esas capacidades están orientadas por un criterio humano.

Por ello, enseñar IA no puede reducirse a enseñar prompts. Es necesario formar estudiantes capaces de verificar información, reconocer manipulaciones, identificar sesgos, proteger datos, respetar la propiedad intelectual y preguntarse por las consecuencias de sus decisiones. La competencia tecnológica sin criterio puede producir usuarios eficientes; la competencia tecnológica acompañada de valores puede formar ciudadanos responsables.

Aquí se encuentra una diferencia decisiva: la inteligencia artificial es un medio, no un fin. No educamos para que los estudiantes dependan de algoritmos, sino para que puedan utilizarlos cuando aporten una solución, mejoren un aprendizaje, favorezcan una investigación o contribuyan a resolver un problema.

La pregunta educativa, por tanto, cambia. Ya no basta preguntar qué puede hacer la IA. Debemos enseñar a preguntarnos qué vale la pena hacer con ella, para quién y con qué consecuencias. No se trata de educar para que nuestros estudiantes sepan usar la inteligencia artificial, sino para que sepan cuándo utilizarla, para qué utilizarla y cuándo no utilizarla.

El horizonte debe ser una inteligencia artificial puesta al servicio de la persona, de la sociedad y del bien común. La tecnología puede ser extraordinariamente poderosa; pero será verdaderamente valiosa cuando quienes la utilizan tengan la sabiduría y los valores necesarios para poner ese poder al servicio de los demás.

Comentarios

Dejar Comentario

Te Sugerimos

Educación

Tres meses de camino: informar, educar y trascender

Educación

La escuela que necesita el Perú: del diagnóstico de la crisis a una educación conectada con el futuro