El llamado del Señor: una pregunta que se convierte en misión
La fe no es una costumbre: es encuentro, respuesta y compromiso. Cristo llama, transforma nuestra vida y nos envía a servir.
En el Ángelus del domingo 23 de agosto, en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV puso en el centro una pregunta tan antigua como actual: ¿quién es realmente Jesús para mí? A partir del Evangelio de Mateo (16,13-20), el Pontífice recordó que la fe no puede reducirse a una respuesta aprendida ni a una tradición repetida. Es un camino que exige volver a encontrarnos con Cristo, escuchar su Evangelio y revisar nuestras decisiones.
La pregunta adquiere especial fuerza en una sociedad acostumbrada a respuestas inmediatas. Preguntarnos quién es Jesús supone detenernos, entrar en oración y dejarnos interpelar por su palabra. Pero también significa mirar las heridas de quienes están cerca, reconocer las necesidades de los demás y descubrir que la fe tiene consecuencias concretas en la manera de vivir.
León XIV subraya así una dimensión decisiva del seguimiento cristiano: el llamado del Señor implica una misión y reclama una respuesta. Jesús no llama únicamente para que lo conozcamos intelectualmente. Llama para transformar nuestra vida y enviarnos a transformar, desde nuestras posibilidades, la realidad que nos corresponde. Por eso, responder a Cristo puede exigir caminos inesperados, decisiones nuevas y renuncias a seguridades previamente establecidas.
Esta perspectiva tiene también una profunda dimensión educativa. Educar no consiste solamente en transmitir conocimientos, sino en ayudar a cada persona a descubrir el sentido de su vida, reconocer sus responsabilidades y responder con libertad a los desafíos de su tiempo. Una educación verdaderamente integral forma personas capaces de preguntarse qué deben hacer con lo que han recibido y cómo pueden ponerlo al servicio de los demás.
Las preguntas propuestas por el Papa quedan, entonces, como una tarea cotidiana: ¿conozco realmente al Señor? ¿A qué me llama? ¿Qué me pide hoy su Evangelio? No son preguntas reservadas para momentos extraordinarios. Son interrogantes que pueden orientar decisiones familiares, profesionales, educativas y sociales.
La fe madura cuando deja de ser solamente una convicción personal y se convierte en una vida entregada. El llamado de Cristo abre una misión; la respuesta comienza cuando decidimos caminar. Que María, como pidió León XIV, nos enseñe a buscar la voluntad de Dios y a responder con generosidad a aquello que el Señor nos confía.
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