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Espiritualidad

Toma tu cruz y sígueme: buscar la voluntad de Dios

Hay momentos en la vida en los que los caminos de Dios parecen incomprensibles. Pedimos una respuesta y recibimos espera; buscamos certezas y encontramos incertidumbre; deseamos un determinado resultado y las circunstancias toman otra dirección. En esos momentos, la fe nos plantea una pregunta decisiva: ¿estamos dispuestos a buscar la voluntad de Dios, incluso cuando no coincide con la nuestra?

En el Ángelus del 30 de agosto, en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV reflexionó sobre el pasaje del Evangelio en el que Jesús anuncia a sus discípulos que deberá ir a Jerusalén, padecer, morir y resucitar. Pedro no comprende ese camino y reacciona intentando apartar a Jesús de él. Su respuesta revela una dificultad profundamente humana: aceptar que el plan de Dios puede ser distinto de nuestras expectativas.

Sin embargo, Pedro también ofrece una enseñanza fundamental. Ante lo que no comprende, no rompe el diálogo con el Señor.

La actitud cristiana no consiste en ocultar las dudas, los temores o incluso la confusión. Consiste en llevarlos a la oración y presentarlos con sinceridad ante Dios. Buscar su voluntad comienza muchas veces reconociendo que no tenemos todas las respuestas.

Por eso, discernir la voluntad de Dios exige una segunda actitud: la docilidad. No se trata de resignarse pasivamente ante cualquier circunstancia, sino de aprender a escuchar, examinar y descubrir qué nos pide Dios en aquello que estamos viviendo. La oración permite pasar de la pregunta «¿por qué me sucede esto?» a una pregunta más fecunda: «Señor, ¿qué quieres de mí en esta circunstancia?»

La cruz, entonces, adquiere un sentido diferente. Jesús no invita simplemente a soportar dificultades. Invita a seguirlo. Tomar la cruz significa confiar cuando el camino cuesta, perseverar cuando no vemos resultados y mantener el corazón disponible para cumplir la misión que Dios nos confía.

María representa esa disponibilidad de manera excepcional. Permaneció junto a la cruz de su Hijo, fiel a los designios de Dios incluso cuando el dolor parecía contradecir todas las promesas recibidas. Su grandeza estuvo también en permanecer, confiar y seguir diciendo con su vida que la voluntad de Dios merece ser buscada y acogida.

En una sociedad acostumbrada a decidirlo todo desde la conveniencia, la rapidez y el control, esta espiritualidad resulta especialmente necesaria. No siempre podemos elegir las circunstancias, pero sí podemos elegir cómo vivirlas delante de Dios. La pregunta cotidiana del creyente no debería ser solamente qué quiere hacer con su vida, sino qué quiere Dios hacer con ella y cómo puede responder.

Buscar la voluntad de Dios en toda circunstancia no elimina las dificultades. Les otorga un horizonte. Y convierte cada acontecimiento —también aquel que no comprendemos— en una oportunidad para escuchar, discernir, confiar y seguir a Cristo.

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