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Espiritualidad

La curación del ciego: una fe con los ojos abiertos

Hay cegueras que no dependen de los ojos. Podemos mirar y, sin embargo, no comprender; observar el dolor y permanecer indiferentes; caminar entre las heridas de nuestro tiempo sin permitir que interpelen nuestra conciencia. A partir del relato de la curación del ciego de nacimiento (cf. Jn 9,1-41), el Papa León XIV propone una reflexión sobre la necesidad de recuperar una mirada capaz de reconocer la verdad.

En su Ángelus del 15 de marzo de 2026, el Pontífice recuerda que el Evangelio de Juan presenta a Cristo como la luz enviada por Dios para iluminar a una humanidad que camina en las tinieblas. La imagen tiene una profunda dimensión espiritual: el ser humano necesita una luz que le permita descubrir a Dios, comprender a los demás y mirarse a sí mismo con mayor verdad.

El Papa León XIV cuestiona también una idea todavía extendida: que creer significa renunciar a pensar o aceptar una fe ciega. El episodio evangélico plantea justamente lo contrario. Después de ser curado, el hombre puede ver y dar testimonio de lo ocurrido. Su experiencia provoca incluso la insistente pregunta de quienes lo rodean: «¿Cómo se te han abierto los ojos?» (Jn 9,10). La fe, desde esta perspectiva, no oscurece la razón: ayuda a mirar de otra manera.

El desafío alcanza directamente la vida cotidiana. Una fe con los ojos abiertos no puede permanecer indiferente ante la pobreza, la violencia, la injusticia o el sufrimiento. León XIV recuerda que creer implica aprender a mirar el mundo desde la perspectiva de Jesús, especialmente hacia quienes padecen y hacia las heridas que muchas veces preferimos ignorar. Esta concepción de la fe está vinculada con la enseñanza de Lumen fidei, que presenta la fe como participación en el modo de ver de Cristo.

En una sociedad marcada por conflictos, desigualdades y profundas incertidumbres, esta mirada adquiere también una dimensión educativa y social. Educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en formar personas capaces de interpretar la realidad, reconocer la dignidad del otro y comprometerse con el bien común. Una sociedad que aprende a mirar sus problemas con honestidad está en mejores condiciones de buscar respuestas.

La curación narrada por san Juan puede entenderse, entonces, como una invitación permanente a superar nuestras propias cegueras. La luz de Cristo no aparta al creyente de la realidad; lo conduce hacia ella con mayor responsabilidad. Por eso, una fe despierta debe traducirse en paz, justicia y solidaridad.

La oración final del Papa por intercesión de la Virgen María resume este camino: que la luz de Cristo abra los ojos del corazón y nos permita dar testimonio de Él con sencillez y valentía. Ver, en la perspectiva del Evangelio, no es solamente reconocer lo que sucede. Es dejarse transformar por aquello que hemos visto.

Fuente: Santa Sede, Ángelus del papa León XIV, 15 de marzo de 2026.

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